Por: José Daniel Bustos
Después de caminar una hora por las instalaciones del centro cultural Comfandi, conociendo cada sala, cada escalón, cada rincón, nos encontramos en el primer piso donde se exibian fotografías, pinturas, y dibujos que al parecer habían sido creados por niños. Habíamos acordado encontrarnos en la comiteca del quinto piso a las tres de la tarde, pero cada uno se resignó, nadie asistiría al lugar pactado en la hora pactada. Pero no fue así.
Subimos en el ascensor hasta el quinto piso, donde un joven escritor conocido por todos y leído por pococs nos leyó uno de sus cuentos. Aquel fue un momento magico. Pocos minutos después el lugar cerraba, debímos huir. ¿A dónde? Eso lo decidimos después de comer maní, galletas y pastel. ¿Algún sitio cercano que llamara la atención de un par de jovenes poetas? Por supuesto, muchos. El bulevard que corre junto al rio, el mismo rio, el parque de las palomas. Cualquier lugar merece la atención de un poeta, y es la labor de un poeta atender al llamado. Al final nos decidímos por san antonio. Un lugar que ha sido mucho mas que un simple lugar, un confidente, el lugar donde coleccionamos recuerdos.
Mientras la tarde se extendía sobre el cielo leímos poemas de Jattin, Sonia solarte orejuela, y un par de poetas mas. Leímos para desconocidos agradeciendoles y aclarandoles que no pediríamos dinero a cambio del poema. Leimos para ancianos, extranjeros solitarios, almas enamorada, le leimos al viento.Incluso le leimosa un viejo auto movil.
Hubo tiempo para escribirle a la luna y al lugar. Hubo tiempo tambien para bailar y debatir, cantar y saltar. Antes de que nos despidieramos y cada uno huyera en esos tiburones azules que se escurren por las calles de Cali.
Caminando entre viejas calles
de tonos grises verdes y azules
esperando por fin tu encuentro
para conocerte de nuevo
por primera vez.
Daniel
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